Hablemos de Redistribución de Riqueza

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPrint this page
Autor: Leonard Quinde Allieri (Miembro de Libre Razón)

Cada persona es un mundo y por ello te valoran.

black-and-white-people-bar-men


Existe el deseo utópico de los gobiernos por acabar con la desigualdad económica, pero ¿lo hacen de la mejor manera? O para disminuir la brecha, ¿es necesaria la intervención del Estado?  No necesariamente, analicemos el por qué.

Cada uno de nosotros es único e irrepetible, por lo tanto, nunca seremos iguales. Ni siquiera en el ámbito económico, porque lo que hacemos o lo que podemos hacer es valorado por el mercado.

El valor es subjetivo y en economía se representa con el precio o cantidad de dinero que estamos dispuestos a pagar por algún bien o servicio, valor que puede variar dependiendo de su escasez y/o de la necesidad que tengamos de obtenerlo.

Los bienes y servicios satisfacen necesidades. Por ejemplo, si necesitamos satisfacer el hambre, podemos comparar dos restaurantes, uno es un lugar pequeño y caluroso donde encontraremos preparaciones habituales y el otro es grande espacioso y ambientado a la perfección donde iremos a comer algo que nunca, ni en nuestros mejores sueños podremos prepararlo nosotros mismos. ¿Por cuál pagarías más?

Las ganancias, los sueldos, nuestro precio lo ponen los demás y el valor que le asignen a nuestro servicio varía en función de que nuestro cliente pueda recibir lo mismo o algo mejor.

Siempre habrá actividades más valoradas que otras, por lo tanto, de forma natural nunca seremos iguales económicamente. Esto es bueno, porque fomenta la competencia y nos motiva a ser mejores. Ante todo, promueve la creatividad al buscar satisfacer necesidades que no han sido cubiertas todavía, y así recibir grandes ganancias por nuestro trabajo. Para generar estos comportamientos en los individuos, es necesario crear un ambiente que incentive la creación. Ya suficiente reto nos pone el entorno cambiante natural del mercado (o sea nosotros), como para que los Estados, por ejemplo, implementen barreras y regulaciones al motor de desarrollo de los seres humanos.

Es importante disminuir los obstáculos artificiales que ponen los Estados en contra de nuestra creatividad, trabajo y ejecución de ideas. Es la mejor manera para disminuir la desigualdad.

Cuando las personas son libres para emprender en nuevos negocios, reinventando fórmulas existentes o con nuevas y revolucionarias ideas, tienen mayores oportunidades de aumentar sus ganancias. Del mismo modo, si son capaces de ganar más experiencia y ser más productivos en su trabajo, pueden aumentar su valor personal y por ende su sueldo.

También es importante que un país sea atractivo para invertir y que brinde facilidades e incentivos para capitalizar la economía, que no sea un infierno fiscal, por ejemplo. Cuando los equipos son nuevos, mejores y capaces de producir más en menos tiempo se necesita personal cada vez más especializado – más valioso – para operarlas, mantenerlas y arreglarlas; lo que hace que cada vez los sueldos suban.

Mientras más empresas y capital haya en un país es mejor. En este escenario son las empresas compitiendo entre ellas por trabajadores y no trabajadores compitiendo por una empresa. Esto provoca que el poder de negociación recaiga libremente sobre el trabajador y las empresas deban mejorar sueldos y condiciones para mantenerlos.

Un marco de libertad mejora las condiciones de los individuos, cada vez hay personas más ricas y, a través de mayor progreso social, disminuyen las desigualdades. A continuación, un par de gráficos que pueden fortalecer los argumentos anteriormente esgrimidos.

1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *